Vas a un evento, sonríes, intercambias tarjetas y vuelves a casa con la sensación de “no ha estado mal”. A los dos días, silencio. Ni reuniones, ni propuestas, ni colaboraciones. No es que falte talento ni contactos: falta actitud adecuada. El networking no falla por escasez de gente, sino por exceso de conversaciones sin propósito, seguimientos que nunca llegan y promesas tan vagas que nadie recuerda.
Duele admitirlo: muchas veces hablamos mucho y decimos poco. Nos presentamos con un listado de servicios que no emociona a nadie; buscamos vender a la primera (y espantamos a la otra persona); pedimos “cuando tengas un hueco” y dejamos que el momento se enfríe.
Duele también que el tiempo se nos escape en copas y selfies, mientras las oportunidades pasan por delante. Y, sí, duele ver cómo alguien con menos experiencia consigue reuniones porque tiene claro qué pide, a quién se lo pide y qué ofrece a cambio.
La pregunta honesta es: ¿quién quieres ser en la sala? ¿La persona que colecciona tarjetas o quien, con dos frases, enciende una conversación que se convierte en proyecto?
El cambio no va de hablar más, sino de actitudes que activan confianza y resultados. Aquí están las siete que separan el “ya te llamaré” del “pongamos fecha”.
1) Claridad radical
Presentarte no es recitar tu currículum: es prometer un cambio. Condensa tu propuesta en una frase breve y concreta que cualquiera pueda repetir:
“Ayudo a [nicho] a conseguir [resultado] en [plazo/método].”
Cuando te entienden, te recuerdan; cuando te recuerdan, te recomiendan.
2) Escucha que transforma
Haz menos preguntas “de formulario” y más preguntas que muevan la aguja:
- “¿Qué objetivo queréis lograr este trimestre?”
- “¿Qué os está frenando ahora mismo?”
- “Si esto saliera bien, ¿qué cambiaría en 90 días?”
La escucha sin prisa es el puente más corto hacia la confianza.
3) Generosidad con intención
Da primero, pero con puntería: comparte un caso breve, una lista de comprobación de dos minutos o una presentación útil a la persona adecuada. Dar valor no es regalar tu trabajo, es facilitar el siguiente paso.
4) Presencia y coherencia
Llega a tiempo, cumple lo acordado y cuida los detalles (desde el saludo hasta el correo de después). Tu marca personal es lo que se siente cuando no estás. La coherencia se nota y se comenta
5) Pedir bien (y sin miedo)
Quien no pide, no activa la red. Pide introducciones claras: “¿Podrías presentarme a [nombre/empresa]? Le puede interesar [resultado] en [plazo].” Pide un paso pequeño: “¿Te va bien vernos 15 minutos esta semana?”. Dos opciones de horario y listo
6) Seguimiento que cuida, no que persigue
En las 24 horas: agradece y aporta algo breve. En 72 horas: propone fecha concreta. Si no es el momento, aparca con elegancia y deja la puerta abierta. El seguimiento no es presión; es cuidado con propósito.
7) Medir sin complicarse
Lo que no se mide parece azar. Mira cada semana cuatro números simples:
presentaciones → reuniones → propuestas → ventas.
Si una flecha no sube, cambia el guion o el público. Pequeños ajustes, grandes diferencias

Cómo aterrizarlo en KCN
El entorno ayuda. En KCN combinamos personas + método + tecnología para que estas actitudes se conviertan en resultados:
- Speed Networking: ritmo alto para afinar tu mensaje y cerrar dos 1:1 por sesión.
- Eat & Meet: conversación pausada para contar un antes/después real y explorar colaboraciones con calma.
- Grupos de Alto Rendimiento (GAR): exclusivos para socios, por invitación y un/a representante por sector. Trabajamos con metodología Mastermind: objetivos a corto, medio y largo plazo compartidos con el grupo, reuniones semanales, confianza y exclusividad.
- Herramientas que quitan fricción:
- KCN Smatch: conecta perfiles afines por objetivos.
- Kallwork: videoconferencias y reuniones de pago, sin líos.
- CRM KCN: base de datos exclusiva con miles de contactos reales.
- eKard: tu tarjeta digital, siempre a mano.
Mientras otras redes se quedan en el evento, KCN convierte el networking en un sistema de trabajo real y medible.