La ONU está concienciada

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La mitad de la población mundial son mujeres y niñas, por lo tanto, la mitad del potencial mundial.

La igualdad de género es, no solo un derecho fundamental, sino también una necesidad para lograr la paz mundial y la sostenibilidad del planeta.

Queda demostrado que el empoderamiento femenino estimula la productividad y la creatividad, que se traduce en crecimiento económico.

El Secretario General de las Naciones Unidas, manifiesta que es el mayor desafío en materia de Derechos Humanos.

Primordial acabar con las diversas formas de violencia de género, dar acceso a educación y salud, a recursos económicos, a participar en la vida política, a la igualdad de oportunidades en acceso al empleo, a posiciones de liderazgo y a toma de decisiones.

La Declaración de los Derechos Humanos, aprobada el 10 de diciembre de 1948 dice: “Todos los seres humanos nacen libres en dignidad y derechos” y” Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración sin distinción alguna de raza, sexo, idioma, religión, nacimiento o cualquier otra condición.

Desde los movimientos feministas que aparecen en los años 70, se suceden observatorios y se crean organizaciones de distinto alcance. Es el 2 de julio de 2010, cuando se vota unánimemente la creación en las Naciones Unidas de “ONU Mujeres”. Fusión de cuatro instituciones y organismos internacionales.

Actualmente se están fijando en los objetivos ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) y se centran en la igualdad y el empoderamiento femenino como objetivo y parte de la solución.

Se reconoce la necesidad de cambios a nivel jurídico y legislativo, pero si en 2014 había 143 países que lo habrían garantizado en sus Constituciones, aún había 52 que no se habían planteado esta iniciativa.

Se crean Comisiones, Iniciativas, Días internacionales para la eliminación de la violencia (25 de noviembre) o de la Mujer (8 de marzo), pero sigue quedando un largo camino por recorrer.

Además de lo que ya estaba ocurriendo desde principios de 2020, se ha observado como afecta la pandemia de COVID-19 a las mujeres a nivel internacional y resulta bastante pesimista la nueva imagen de desigualdad.

Los efectos de la pandemia

La ONU advierte que la pandemia puede acabar con los avances alcanzados de la equidad de género.

Se ha observado que las mujeres y muchos hombres, están luchando por la igualdad en todo el planeta, pero los riesgos han aumentado en este extraño periodo en el que nos encontramos inmersos, generando nuevas dudas de cómo resolver estos problemas.

Ya no solo se trata de diferencias salariales, sino que en países más castigados por la desigualdad los desequilibrios se hacen más notables:

  • El 70% del personal sanitario está formado por mujeres, por lo que se debería prestar especial atención a su salud física y reproductiva, tanto como a sus necesidades psicosociales.
  • Durante los confinamientos aumenta el riesgo de sufrir violencia doméstica.
  • Se debe tener en consideración los embarazos y partos seguros, dependientes de servicios sanitarios funcionales.
  • Es necesario asegurar los productos de higiene para evitar infecciones
  • Se han de aumentar las líneas y servicios de apoyo a víctimas de violencia. En algunos países, incluso se han aumentado los refugios para estas.
  • Los seguros sanitarios y la economía asistencial, debe cubrir a aquellas que no lo pueden pagar. Sobre todo, teniendo en cuenta que tengan personas mayores o niños bajo su cuidado o víctimas de trata.
  • Se las ha de incluir en los espacios de toma de decisiones, para tomar en cuenta su perspectiva.
  • Los responsables políticos, han de observar la carga igualitaria de las tareas domésticas, y tomar parte en su fomento.

América Central tiene una de las mayores tasas de feminicidio, especialmente México y Guatemala. Es fundamental la prevención, especialmente cuando van a permanecer en casa largos periodos.

ONU Mujeres en Argentina ayuda a las autoridades locales y nacionales para asegurar un servicio continuo a las víctimas de violencia doméstica.

Por no hablar de cada país, uno a uno con sus singularidades, son muchos los países en los que se ha detectado que la regresión multinivel afecta más a las mujeres y niñas. Se demuestra que se requieren infraestructuras capaces de detectar y vigilar las emergencias sanitarias.

Tanto el COVID-19 como las amenazas del cambio climático, la reaparición de sarampión, la politización de la información y la desinformación sanitaria, los microorganismos resistentes a los medicamentos, etc. han abierto los ojos a las organizaciones de alto nivel, que son más conscientes que nunca de que es necesario fortalecer el sistema de salud, reforzar las competencias básicas y recursos de financiación para tener el liderazgo necesario para obtener la recolección de datos eficiente y la atención de la salud mejor preparada  y resiliente, para todos y en especial para los colectivos más desfavorecidos y con mayor riesgo.

“Sin duda, debemos combatir el virus por el bien de la humanidad, centrándonos en las personas. Particularmente, en las más afectadas: mujeres, personas mayores, jóvenes, trabajadores precarios, pequeñas y medianas empresas, el sector informal y los grupos de riesgo”, ha recalcado el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, durante la pandemia.

Tontas o inteligentes

Me atrevo a opinar para poner el foco en la diferencia entre: estructuras “tontas” y estructuras “inteligentes”.

  • Una estructura tonta pierde mucha energía sin conseguir el objetivo que pretende y con frecuencia, ni siquiera los objetivos individuales de las personas integrantes. Solo se consigue mucho malestar y poca operatividad:
    • Dedican mucho tiempo a las pugnas internas, sin aumentar el poder del grupo ni de las partes.
    • Compiten en vez de colaborar.
    • Se toman acuerdos que no se cumplen y si, además, no se revisan se empiezan de cero de nuevo.
    • Duplican tareas
    • Se olvidan de zonas claves
    • No se adaptan a nuevos problemas
    • Se cargan de interdependencia innecesaria
    • Confunden estructuras oficiales con las reales.
    • Desprecian, por ignorancia, posibilidades de construcción colectiva.
  • Una estructura inteligente suma o multiplica fuerzas, siente los éxitos individuales como logros comunes. Se aprende a renunciar a una idea cuando otro es preferible, se adapta la estructura a los acontecimientos y los objetivos, se compatibiliza bienestar con trabajo, se aprovecha la diversidad del grupo para construir.

Francamente, me quedo con las estructuras inteligentes.

María Álvaro

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