Mí, me, contigo

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Quiero poner en negrita, que siempre he ayudado a la gente independientemente de su sexo, color, nacionalidad, edad o condición.

Se me tacha, en ocasiones, de feminista, por hacer eventos para la visibilidad de la mujer emprendedora, trabajadora o artista.

Simplemente leyendo el concepto de la RAE, soy feminista porque creo en la lucha para la igualdad de derechos y oportunidades entre todas las personas.

Es el concepto “embrista”, el que tiene lo mismo de malo que el de “machista”.

Cuando trabajaba dando clases a los hombres de la cárcel de Meco, yo los ayudaba en todo lo que podía, incluso conservo aún, algún amigo de allí.

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Cuando he trabajado con niños con problemas de aprendizaje, eran de todas las edades y sexos, no solo niñas.

Les ayudaba a todos. Escuchaba los problemas de los niños, tuvieran autismo, fueran hiperactivos, con problemas en el habla, tuvieran cualquier tipo de discapacidad o simplemente adolescentes con hormonas descontroladas.

Cuando daba clase a los jóvenes de familias desestructuradas, eran chavales de ambos sexos, mi implicación era la misma.

Trabajando como voluntaria en el CEPI, ayudando a leer a rumanos o musulmanes, no elegía yo, sino que ayudaba a quien lo requería.

Dando clases en los coles, los niños eran iguales que las niñas, para mí.

Cuando he dado clases de contabilidad, fiscalidad, creación de empresas, asesor de productos de inversión, para mí, todos los alumnos eran lo mismo. Aunque detectara que había muchas más mujeres inmigrantes en estos grupos con mucha diferencia.

Si un compañero cualquiera de profesión, vecino, amigo, marido, hijo, sobrino, primo, me ha pedido algo que estuviera en mi mano le he dado la respuesta adecuada en la medida de mis posibilidades.

Pero claro, por supuesto, también he ayudado a mujeres víctimas de violencia y a sus hijas o hijos, o a simples amigas que me hayan necesitado para algo. A compañeras, clientas y a mi familia, también.

Cuando he hecho eventos en los que se iba a hablar de la desigualdad de género, he sufrido ciberataques.

La desigualdad salarial es un hecho. Los roles de genero se perpetúan, los hombres se siguen matando más entre ellos mismos, el corporativismo masculino es cultural, y el miedo a perder un espacio que algunos consideran que les corresponde, les hace ponerse en guardia lógicamente.

La prostitución y la trata siguen estando ahí. La profesionalidad de lo doméstico sigue adjudicándose a las mujeres en su mayoría.

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Las profesiones que estudian las mujeres siguen estando, mayoritariamente, orientadas a los cuidados.

¿Cuál es el problema de hablar de esto? ¿No estamos todos en el mismo mundo?, ¿no deberíamos cambiarlo a mejor? ¿cuál es el problema real?

Lamento que, en ocasiones, todo el trabajo realizado, solo sirva para recibir el calificativo de feminista.

En ocasiones, en vez de ser un motivo para hacer más fuerza mediante alianzas, es motivo de disputas y rencillas, por no administrar bien la información.

Si hubiera mediación en lugar de competitividad todos ganaríamos. Si nos apoyáramos de verdad seríamos más sólidos y coherentes.

Mentir, solo sirve para perpetuar los engaños. Es mucho más liberador decir la verdad y poner toda la energía en ser constructivos. 

Un abrazo a todos.

María Álvaro

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