Autocompasión para evitar el sufrimiento

Portada

Cuando comenzó el estado de alarma y el confinamiento, en el mes de marzo del 2020, por el COVID-19, mi reacción fue positiva, entiéndase bien, pensé: “no hay mal que por bien no venga, voy a tener tiempo para ponerme al día con mis tareas pendientes”.

En la segunda semana, nació en mí una necesidad de ayudar, de aportar mi granito de arena en toda esta situación que parece sacada de una película de ciencia ficción.

Comencé a ver cómo compañeros de profesión realizaban vídeos, cursos, ofrecían sus servicios de forma gratuita o compartían sus conocimientos. Me parecía genial, yo también quería contribuir. Con que un grupo de personas se sintieran mejor por lo que yo le pudiera ofrecer, ya habría valido la pena (aquí podríamos hablar de egoísmo maslowniano, pero no quiero extenderme).

No sé si os habéis percatado, me estaba comparando con mis colegas de profesión y ya se sabe que las comparaciones no son buenas a no ser que sea con uno mismo para ver la evolución. Pues bien, comenzaron las autocríticas: “con tus conocimientos en desarrollo personal no estás haciendo lo suficiente, no estás aportando, …”. Fui dura conmigo misma. Son tan sutiles los pensamientos negativos que si no estás atento acabas dejándote arrastrar e influenciar por ellos.

Hablé con varias personas para me dieran su punto de vista. Me hicieron ver que con quedarme en casa ya estaba colaborando y, además, si no dispongo de los medios o conocimientos necesarios para realizar vídeos o cursos online, podría utilizar otras vías para contribuir. Estas personas fueron compasivas conmigo, ¿por qué no lo había sido yo conmigo misma?

Soy socióloga, y como tal tiendo a analizar los comportamientos de personas y grupos, pero no hace falta serlo para darse cuenta que vivimos en una sociedad en la que, desde temprana edad, se nos enseña a construir nuestra autoestima compitiendo con los otros por alcanzar el éxito. En el colegio, la universidad, en el trabajo o en nuestra vida personal.

Quizás esta competición se realice de manera inconsciente en algunas personas. Tampoco digo que sea malo, pero no contribuye a lograr la felicidad.

Mientras nos esforzamos para convertirnos en los mejores y mantener nuestra posición en lo más alto, no podemos escapar del sufrimiento por el temor a perder lo que hemos conseguido.

Esta competición y comparación con otros, nos hace verlos como obstáculos a superar, lo cual nos distancia y desconecta de ellos produciéndose una paradoja, ya que en última instancia el principal objetivo de nuestro deseo por tener el éxito, es la pertenencia y el ser amado.

Debemos ser conscientes, de que es imposible ser el mejor en todo, en algún momento “perdemos” en esta carrera contra los demás y tendemos a ser muy autocríticos, sumando así mayor malestar.

Pensar que hemos fracasado nos genera inseguridad, ansiedad y abatimiento, lo que nos quita energía para volver a enfrentar un reto futuro.

Por otro lado, este tipo de autoestima competitiva ha estado ligado a problemas sociales como la soledad, el aislamiento e incluso los prejuicios.

Después de observar las trampas de la autoestima, Kristin Neff, Doctora en Filosofía buscó una alternativa, una forma de identificar y alcanzar nuestras metas sin que nos demos una paliza (o a cualquier otra persona) en el proceso.  A través de la práctica del budismo, ella la encontró en forma de autocompasión.

Con autocompasión, te valoras a ti mismo, no porque te has juzgado positivamente y a otros negativamente, sino porque tú eres digno de cuidado e interés, como cualquier otra persona. Esto es clave para nuestro empoderamiento, aprendizaje y fuerza interior.

La autocompasión es ser comprensivo y amable con uno mismo en momentos de dolor o en momentos de fracaso, en vez de ser duro y crítico (juzgarnos). Es comprender que somos humanos, que todos nos equivocamos y que todos sufrimos, que no somos los únicos. Es tratarse como trataríamos a un amigo que lo está pasando mal.

La autocompasión no significa ser blandos “¡venga va, que no pasa nada! vámonos de compras para que se pase el disgusto”, si no, asumir la responsabilidad de lo que ha pasado, pero sin autocastigo, sin machacar la autoestima, para seguir motivados y conservar la energía, para volver a intentar ese proyecto en el que hemos fallado o para reparar los errores que hemos cometido.

Os pongo el ejemplo que utilizo en mis talleres de Mindfulness para que esto se entienda con más claridad.

Imaginad que una persona en su puesto de trabajo comete un error y su jefe le habla con estas palabras:

“¡Si es que… sabía que ibas a meter la pata! ¡Normal! Con lo despistado/a que eres y lo mal que te organizas. No sé para qué te pido que lo hagas. A ver cómo solucionamos esto, ¡menudo problemón! ¿Te das cuenta de las consecuencias? Anda, mejor ya lo hago yo”

¿Cómo crees que se sentirá esta persona? Sabiendo que ha cometido el fallo sin querer. Seguramente su autoestima se verá afectada y su nivel de energía disminuirá, por lo que no se encontrará con ánimo de volver a intentar esa tarea que le han encargado y si lo hace, lo hará con miedo a cometer errores de nuevo y con miedo no se trabaja bien, aumenta la probabilidad de fallar.

Si, por el contrario, este jefe le habla de esta manera:

“No te preocupes, vamos a ver cómo podemos solucionarlo. El que te hayas equivocado no significa que seas inútil, tienes muchas cualidades positivas. Valoro que te hayas esforzado por hacerlo. Intentémoslo de nuevo juntos y aprendamos del error”.

¿Cómo se sentirá ahora este/a trabajador/a? Pues seguramente le pese haber cometido un fallo, pero al ver que su jefe confía en él/ella y que le haya recordado que tiene cualidades positivas, su autoestima no se hundirá, incluso estará motivado/a para solucionar el problema.

Aquí me gustaría que pensarais en una ocasión en los que cometisteis un “error” o no salió como esperabais y, hayáis sido especialmente duros con vosotros. ¿Cómo os hablasteis? ¿Como en el primer ejemplo del jefe (autocríticos) o como en el segundo (compasivos)?

A continuación, os explico una práctica para empezar a trabajar la autocompasión.

  1. Escribe tu diálogo interior: Piensa una situación en la que fuiste muy crítico contigo mismo. Escribe las palabras y frases autocríticas que te dijiste.   
  • Escríbete una carta. Pregúntate si le dirías esas palabras a un amigo. Te animo a que te escribas una carta como si tú fueras ese amigo compasivo: ¿Qué te diría tu amigo? ¿Qué te diría ahora un amigo compasivo y amable? ¿Cuáles serían sus palabras?
  •  Desarrolla un mantra de autocompasión, algo que sea fácil de memorizar, así cuando algo difícil ocurra puedes recurrir a esas frases, pueden ser tipo: “Este es un momento de sufrimiento. El sufrimiento es parte de la vida. Puedo ser amable conmigo mismo en este momento; puedo darme la compasión que necesito.” Frases que te reconforten. Piensa que cuando fallamos o sufrimos es cuando más apoyo emocional necesitamos, sobre todo de nosotros mismos.

Si queréis ampliar información acerca de la autocompasión os facilito estas dos páginas web. Hay muchas más, os animo a investigar.

https://www.mindfulnessyautocompasion.com/

About the Book

Recuerda, si tú no estás bien no podrás estar bien con los demás. Llénate de amor hacía ti mismo para que desborde y puedas compartir.

Jessica Pedrero

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on pinterest
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>