Educación financiera. Cómo nos engaña nuestro cerebro para no ahorrar

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En materia económica, influyen mucho nuestras emociones

Las emociones influyen en nuestras decisiones. De facto hay teorías económicas y financieras basadas en las emociones y los instintos, como la compra emocional, sin ir más lejos.

Pongamos un ejemplo práctico:

Si nos dieran la opción de cobrar 200 euros ahora mismo o, por el contrario, 300 euros dentro de un año.

¿Cuál sería la preferencia?

Ciertamente, la respuesta sería similar a la de la gran mayoría de las personas: cobrar 200 euros ahora mismo. A pesar de que esos 300 euros supongan nada menos que un 50% más de lo que te ofrezco en este momento.

Hasta el refranero español apoya esta teoría: “mejor pájaro en mano que ciento volando”.

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Y podemos ir más allá: probemos con los más peques con una gominola. Les decimos que no se la pueden comer hasta dentro de media hora y que, si aguantan ese tiempo, les daremos el paquete entero.

Lo más probable es que, incluso antes de acabar la frase, nuestros pequeños ya se hayan comido el dulce.

Esta es una de las razones por la que tanto nos cuesta ahorrar y que explica, por ejemplo, por qué a veces, nos cuesta pensar en abrir un plan de ahorro o de jubilación.

El funcionamiento de nuestro cerebro está orientado a obtener remuneraciones inmediatas.

En efecto, nos cuesta más ver ese beneficio a largo plazo, ya que nuestro cerebro piensa en el placer a corto. De ahí que, en algunas ocasiones, dejemos de lado pensar en ahorrar o en los beneficios que esto nos daría.

(Más técnicamente es la explicación subjetiva de la teoría del coste de oportunidad).

Nuestras emociones y su conexión con nuestras decisiones económicas

Existe toda una ciencia que se encarga de estudiar cómo funciona el cerebro cuando tomamos decisiones que tienen que ver con nuestra economía, la neuroeconomía. Concebida como una mezcla de neurología, psicología y economía.

Esta especialidad trata de explicar y de analizar cuáles son los sentimientos y procesos que afectan a las personas, cuando toman decisiones económicas (al principio del artículo ya lo íbamos intuyendo).

Campo de estudio cuyas investigaciones realizadas por Vernon Smith y Daniel Kahneman, les valió el Premio Nobel de Economía en 2002 (concedido literalmente por “haber integrado aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre”); siendo este último el primer no economista o matemático en recibir tal distinción.

Y es que cuando hablamos de dinero, influyen muchas emociones.

Los científicos tratan de darle explicación a través de experimentos, estudiando las reacciones en el cerebro a través de resonancias magnéticas. Estas prácticas han puesto de manifiesto las diferentes zonas del cerebro que se activan cuando tomamos decisiones económicas las tomamos, tanto a largo como a corto plazo.

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Cuando pensamos en una recompensa inmediata, la zona que se activa en nuestro cerebro es la llamada límbica, la capa más primitiva y la que se encarga de controlar las emociones y las reacciones impulsivas.

Si optamos por el largo plazo, la parte que se activa y domina es la prefrontal, donde se encuentran nuestras capacidades superiores, de razonar.

En otras palabras, en función de cuál de estas zonas de nuestro cerebro nos domine ( emocional o racional), podemos decir que somos más o menos ahorradores.

Del mismo modo, ser más o menos proclives a las inversiones con riesgo, viene también determinado por la parte de nuestro cerebro que domine más sobre la otra.

Dependiendo de dónde esté nuestro equilibrio, si en el sistema de recompensa o en el de aversión a la pérdida, tomaremos o no la decisión de invertir con mayor o menor riesgo. Es decir, si preferimos rentabilidad o protección/garantía.

Porque, además, resulta curioso, pero hay estudios que indican que realmente odiamos perder dinero mucho más de lo que nos gusta ganarlo.

Literalmente cuando perdemos dinero se activa la misma área del cerebro que cuando sentimos miedo o la posibilidad de sufrir un daño físico.

La crisis y los ciclos económicos

Otro de los elementos que pone sobre la mesa la neuroeconomía, es el tratar de dar una explicación a las crisis y a los ciclos económicos.

Porque en otra de las cosas en las que nuestro cerebro nos engaña tiene que ver con lo que llaman efecto manada; una situación que muchos estudios atribuyen a los niveles de serotonina que cada persona tiene.

La serotonina es una sustancia cerebral que parece estar implicada en numerosos comportamientos sociales.

Estamos dispuestos a seguir la conducta de la mayoría, y más, cuando sentimos peligro. Si en una crisis, la gente decide dejar de consumir, nosotros seguiremos la misma pauta, aunque nuestra situación no haya cambiado.

Ahora que ya sabemos como funciona el mecanismo de las emociones, debemos entrenar nuestro cerebro para que, a la hora de tomar decisiones de inversión, gestionemos la parte más emocional e impulsiva.

Entrenando la parte más irracional, nuestras decisiones serán mucho más reflexivas y positivas, pensando en nuestros objetivos y necesidades a medio y largo plazo.

Sin duda, redundará en nuestro propio beneficio.

Si te ha quedado alguna duda, no tengas reparo de contactarme al 699 64 12 20. Con gusto te ayudaré para evitar que tu cerebro te engañe.

JIV

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