La crisis en nuestro tiempo

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Antes de que surgiese la crisis del COVID-19, el cambio climático ya estaba diciendo como era la crisis real mundial. La pandemia ha callado las voces de esta terrible realidad, pero no se ha resuelto en absoluto.

La crisis migratoria continúa siendo un grave problema global. Millones de personas día a día tratan de huir de sus lugares de origen para poder encontrar un entorno más amigo.

No los vemos desde nuestras burbujas de confort, pero son personas reales, de carne y hueso que tratan de salvar sus vidas escapando a otra vida que pueda ser suya.

La realidad es que todos somos víctimas de este cambio sin posible solución sencilla. Creemos que estamos a salvo, y vivimos como si esto no nos afectara. Continuamos haciendo un uso desmedido de los regalos que nos ofrece la naturaleza sin control.

Ciclones, huracanes, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, sequías extremas… generan millones de desplazamientos, pobreza y vulnerabilidad.

Los más vulnerables

Los países en vías de desarrollo son los que más sufren las consecuencias del cambio climático: solo Bangladesh, India y Filipinas, suman más de 12 millones de estos desplazamientos por desastres naturales en 2020.

Además, los países sumidos en conflictos armados sufren doblemente este caos:

  • Afganistán: es el país menos pacífico del mundo, y uno de los que mayor número de desastres naturales sufre. Las sequías y las inundaciones recurrentes reducen los campos de cultivo convirtiéndolo en un país cada vez más vulnerable.
  • Mozambique: Cuatro ciclones, una pandemia y más de 640.000 desplazados a causa de la violencia, provocaron que más de un millón de personas necesitaran ayuda humanitaria.
  • Somalia: La guerra era un grave problema que se vio incrementado por la sequía brutal que padecieron, afectando nuevamente a la inestabilidad política. La excusa perfecta para el reclutamiento de niños soldado y 2,9 millones de desplazados.
  • Bangladesh: La época de lluvias azota el país, agravado por el cambio climático. La huida de Myanmar en 2017, testigos de quema de poblados, torturas, violaciones y asesinatos, provocó grandes campos de refugiados, que ahora ven como las inundaciones pueden acabar con su refugio y vuelven a perder todo de nuevo.

No tienen acceso a la sanidad necesaria, ni a educación, ni a la conservación de lo más mínimo. Son refugiados castigados.

Desviar la mirada

Vivimos en un mundo globalizado y deshumanizado, que mira para otro lado.

La vida occidental hace que vivamos día a día con un consumo desorbitado, que genera dolor y tristeza a una cantidad enorme de personas en otra parte del planeta.

¿Hasta cuando seguiremos haciendo lo mismo?

Existen y podríamos ser ellos.

Reaccionemos, cambiemos costumbres. Seamos más solidarios con nuestros semejantes, no les cerremos las puertas de sus propias casas ni de las nuestras.

Los países no son de nuestra propiedad. Cada uno nace donde estaba su madre y esto no debería darnos más derechos, sino un mayor sentido de la responsabilidad.

Dejemos de mirar a otro lado, despertemos y actuemos.

María Álvaro

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